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El proceso de paz y sus enemigos: El Estado, hipocresía y represión

Análisis
Por María Méndez
Fundación Colombia Soberana

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Cuando dimos a conocer la entrega uno de artículo de opinión "El Proceso de paz y sus enemigos", muchos quedaron intrigados de por qué decíamos que el Estado es el primer enemigo del proceso, el cuál impulsa con todas sus fuerzas. 

Para entender esto, debemos aclarar qué es el Estado. Como dijimos en la segunda entrega de esta serie de análisis,  “Es la organización política de la clase económicamente gobernante, que tiene por objeto proteger el régimen económico existente y aplastar la resistencia de las demás clases. El Estado ‘Es la máquina para sostener el dominio de una clase sobre la otra’ (Lenin) ‘Una máquina en manos de la clase dominante para reprimir la existencia de sus enemigos de clase’ (Stalin). El Estado nació junto con la división de la sociedad en clases explotadoras y explotadas, y es producto del carácter irreconciliable de las contradicciones entre las clases. Hasta hoy la historia conoce tres tipos fundamentales de Estado de los explotadores: el Estado esclavista, el feudal y el burgués.” (1) 

Al decir que el Estado es una máquina, Lenin nos deja entre ver que está constituido por partes, en este caso las tres ramas del poder público, sus instituciones y, obviamente, sus fuerzas armadas, de policía y demás órganos de represión.

Como podemos notar, aunque son partes de la misma máquina, el Estado no es monolítico, sus intereses son diversos, e incluso, su forma de actuar algunas veces se contradice entre sí, aunque su fin último, aplastar al enemigo de clase, es el principal, el más importante y en el cual todas las partes actúan al unísono.

Tenemos que tener en cuenta que este es un estado burgués, cuyo modelo económico es el capitalista que "empuja" el neoliberalismo como repetidas veces lo ha expresado el presidente Juan Manuel Santos en varios discursos, incluyendo en el de su posesión:  “El mercado hasta donde sea posible y el Estado hasta donde sea necesario”

Esto significa que impulsará el mercado fuertemente, es decir, le da vía libre, como ya lo ha demostrado,  a la explotación minero energética que está matando el medio ambiente y desplazando campesinos, a la extrangerización de la tierra y la concentración de ésta en manos de grandes monopolios nacionales, que está dejando sin tierra al campesino colombiano que pasa a reforzar y a crear cinturones de miseria aumentando una crisis social urbana que tiene consecuencias graves como la inseguridad, la vulneración de las mujeres, el consumo de drogas juvenil, etc. Y por otra parte reducir la presencia del Estado trayendo con sigo políticas contra la salud, la educación, dejando una amplias zona del país sin presencia del Estado vulnerando los derechos fundamentales de sus habitantes.

Así nos podemos dar cuenta que el Estado es uno de los enemigos de la paz, causante del conflicto económico, social, político e incluso cultural que vive Colombia y , hay que decirlo, causante también del conflicto armado.

Ahora el Estado, sobre todo su rama ejecutiva, la apuesta a unos diálogos de paz con las guerrillas mas fuertes y antiguas del continente. Con las FARC-EP  en La Habana se han llegado a valioso acuerdos y al tan esperado cese bilateral e indefinido que todos exigíamos.

Por eso parecía un poco paranoico, por expresarlo de algún modo, decir que ese Gobierno que está sentado en la Mesa de Paz en La Habana, que ha llegado a acuerdos sumamente importantes y que demuestra, junto con la guerrilla de las FARC, que el cambio es posible, sea el mismo que puede echar al traste la paz, antes de la firma del acuerdo final o después en el proceso de implementación. 

Pero los hechos se apresuraron a darnos la razón. A final de mayo la Cumbre Agraria Campesina, Étnica y Popular entró en paro nacional. La razón es el incumplimiento de los acuerdos pactados en el 2014 entre el Gobierno y la Cumbre, luego del Paro Nacional Agrario y Popular del 2013. En resumen, en el año 2013 las organizaciones agrarias, campesinas, populares, indígenas, pequeño mineras, afro y demás, se volcaron a la calle en una serie de movilizaciones que empezaron en febrero con el paro cafetero, siguieron con el paro los paros minero, del  Catatumbo y el Paro Agrario y Popular  y terminaron con una minga indígena a fin de año. 

A comienzos del 2014 la MIA y las diferentes mesas que interlocutaban con el Gobierno, se unen en la Cumbre Agraria Campesina Étnica y Popular, con un solo pliego de peticiones y empieza el diálogo, en el cual se pactaron unos puntos, que hoy vemos no se han cumplido.  Ahora presenciamos el paro camionero y la voluntad de varios sectores sociales urbanos y rurales de volcarse de nuevo a las calles exigiendo sus derechos, constantemente vulnerados, repetidamente "negociados" con el gobierno y siempre incumplidos por éste. 

El incumplimiento es el primer obstáculo para la paz del país. El gobierno se compromete pero ¿va a cumplir? Este tema se está hablando en el punto 6, Implementación, verificación y refrendación. Sin embargo, como estamos en una sociedad capitalista, su tarea  histórica ha sido defender los intereses de los poderosos y subyugar a su enemigo de clase. Así que podemos poner tela juicio la voluntad de cumplir lo firmado en La Habana.

Los hechos ocurridos en La Uribe y muchos otros como la militarización y al paramilitarización de vastos territorios, demuestran que varias fuerzas del Estado están en lucha, pero completamente articulados para proteger sus intereses, y no dudarán en usar diversos medios para demostrar su poder, así pongan en riesgo el cese, los acuerdos e incluso la paz. 

Esperar que el Gobierno dé total cumplimiento, teniendo en cuenta los intereses de clase que defiende, es una ilusión. En la Reforma Rural Integral ¿Estarán dispuesto a entregarle las tierras y a implementar las reformas, planes y programas allí firmados, echando por la borda los intereses de los terratenientes, los gamonales políticos y las transnacionales?

En los casi 4 años de diálogos en La Habana, Juan Manuel Santos ha tomado decisiones unilaterales en la Mesa y ha hecho aprobar leyes que van completamente en contra de lo que en Cuba estaba firmando su delegación, como por ejemplo la ley de las Zidres. Esto nos llama a que analicemos la forma inescrupulosa e hipócrita con que el gobierno pretende, no solo incumplir a las FARC, sino a los colombianos en general. 

El Estado maneja todas las formas de lucha, que pasan desde el engaño, la manipulación por medio de los medios masivos de comunicación, el paramilitarismo, el terror, el atentado personal hasta llegar a la represión directa sin que "le tiemble la mano" como dijo el mismo presidente Santos cuando declaró que hablará con la Cumbre, pero que despejará las vías como sea. 

Después de la firma del acuerdo final tampoco escatimará esfuerzos en detener al movimiento social, por eso Juan Manuel Santos insiste en fortalecer al ESMAD. Se vienen grandes luchas, incluyendo las movilizaciones, pero también grandes obstáculos como la represión, los montajes judiciales, el intento de excluir por todos los medios del poder a la izquierda  y a las organizaciones y movimientos sociales, etc.

El Estado está dispuesto a mentir con todo descaro, a reprimir, encarcelar y asesinar, si es necesario, con tal de no poner en riesgo los privilegios de la clase dominante y de las transnacionales. Esa es su naturaleza desde el inicio sangriento de esta República.

Desde ahora el llamado  es al estudio juicioso de los acuerdos, a su divulgación, a la unión, a la movilización y a la decidida lucha para presionar la firma del acuerdo final, su implementación y seguir, por el tiempo que sea necesario y en las condiciones que imponga el mismo Estado, defendiendo lo firmado y yendo más allá, exigiendo nuestra soberanía y nuestros derechos para la construir la Colombia de todos.

(1) Diccionario Filosófico Marxista, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo 1946. Pág 102.

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